Tras el tsunami de restaurantes empeñados en recuperar croquetas y ensaladillas, se imponen los restaurantes mezcladores. Mezclan lo exótico y lo propio.
Baos, ramens, dumplings, currys… todo permite una declinación mediterránea.
El concepto no es nuevo, pero quieren que lo parezca. Tampoco es sorprendente, pero se empeñan en venderlo así.
¿Es interesante?
Artur Martínez, cocinero poco reivindicado, lleva unos años hablando del exotismo de proximidad.
Su lenguaje es complicado. ¿Cómo sorprender con lo propio? ¿Cómo convertir la almendra en fruto del paraíso?
Ahondar en la propia tradición para reflotarla convertida en algo nuevo. Transitar una historia paralela, cocinar por el otro brazo de la bifurcación, por el que nunca anduvimos.
Safe Cruz hace algo parecido en Gofio.
Cocina canaria evolucionada, meditada, evocadora de otras culturas. ¿Cuántos pabellones distintos habrán amarrado en el archipiélago atlántico a lo largo de la historia? ¿Qué pucheros habrán humeado ahí?
Safe, y Artur y otros más, hacen exótico lo propio. Un mojo, un escabeche, unas pobres gachas de gofio.
Me interesa mucho más.
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